163. EL DESPERTAR DE UNA SACERDOTISA
VLADÍMIR
— ¡Ya basta de hacer ruidos! – les rugí a los hombres metidos dentro de las mismas prisiones que ellos habían construido en esta mina - ¡Le sigues dando a los barrotes y te cortaré las manos como a aquel!
Le dije a uno de esos guardias brujos que me estaban sacando de quicio golpeando las rejas.
Enseguida hizo silencio, al ver el cuerpo del que se desangraba a su lado y me quiso atacar con su magia a traición.
Mi padre me dijo muy bien a quienes se podía salvar en esta mina, que estaba