C181- SE HABÍA HECHO JUSTICIA.
Savanna salió del hospital con la cabeza hecha un lío, pero con una decisión clara.
Días después, cruzó las puertas de la prisión de máxima seguridad y se sentó frente al cristal. Arthur ya estaba ahí, con el uniforme naranja sucio y la cara más demacrada. La arrogancia se le había borrado casi por completo.
Solo quedaba un hombre roto, pero todavía peligroso.
Tomó el teléfono y se lo pegó a la oreja, sonrió despacio, disfrutando cada segundo.
—Hola, tío.
Arthur l