Capítulo 8. Papá, quiero ramen
El aire frío del estacionamiento golpeó el rostro de Eliot cuando por fin dejó a Seiya en el suelo. Lo sostuvo un instante, asegurándose de que no se tambaleara, y luego lo soltó con brusquedad.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa? —espetó, casi a gritos—. ¿Por qué te comportas como un loco delante de todos? ¿No te basta con ponerme en ridículo en cada junta? ¿Acaso se te olvidó que tienes pareja... bueno, dos?... Ya ni se cuántas son.
Seiya lo miró con los ojos vidriosos y una carita que no