Capítulo 7. Baila conmigo, señor Foster.
Dos años transcurrieron desde el momento que Seiya volvió a Italia. Ese tiempo sirvió para convertir los murmullos de asombro en certezas; era brillante, magnético y peligroso a su manera. Entre la segunda generación, su nombre circulaba con la misma naturalidad que el de sus propias casas; algunos lo aplaudían como un prodigio, otros lo señalaban como un libertino, pero nadie quedaba indiferente. El apodo de “Dragón Azul” se había consolidado como una leyenda, una mezcla de admiración y mito.