Capítulo 119. Ultimátum.
Seiya despertó con la boca seca y un peso extraño en el cuerpo. Durante unos segundos no supo dónde estaba. La habitación permanecía en silencio, envuelta en una claridad tenue que se filtraba entre las cortinas. El desconcierto llegó antes que cualquier otra cosa.
Estaba recostado contra un pecho firme, contenido por un brazo que descansaba alrededor de su cintura. El ritmo de una respiración profunda le rozaba la sien. Seiya tardó un instante en reconocerlo, en entender cómo había llegado ahí