Capítulo 120. El precio de amar a un alfa.
La mañana todavía no terminaba de instalarse en la casa. La luz entraba suave por las cortinas, sin prisa, como si respetara el silencio que había quedado después de noches demasiado largas. El mundo afuera podía esperar; ahí dentro todo parecía reducido a gestos pequeños, a respiraciones acompasadas, a ese instante frágil en el que nadie discutía con nadie.
Eliot cerró el pañal con cuidado y se quedó un segundo con las manos apoyadas en el vientre tibio de Eriss, como si necesitara confirmar q