Capitulo 31. Tregua con condiciones.
Las risas de las gemelas estallaron en el aire como campanitas, llenando la casa de una energía que ni el verano había logrado despertar. Los pasitos rápidos resonaban en el suelo de madera, y por un momento el hogar volvió a parecer un lugar feliz.
Seiya se levantó del sofá con desgano, aún con el libro abierto en la mano. Eliot, de pie junto a la mesa servida, parecía haber nacido para encajar en aquella escena que no le pertenecía: el mantel impecable, los platos humeantes, las niñas corrien