Capitulo 126. Una mañana de domingo.
La mañana había entrado sin prisa por la habitación, filtrándose entre las cortinas apenas corridas. Seiya estaba de pie junto a la ventana, con Eriss apoyado contra su pecho, el biberón sostenido con una mano y la otra descansando sobre la espalda tibia del niño. El pequeño bebía con calma, todavía medio adormilado, ajeno al mundo más allá de ese contacto.
Desde allí, Seiya podía ver el jardín. Nataniel estaba sentado en una de las bancas, con el sol dándole de lado, el gesto relajado, impropi