Las personas que de verdad se quieren ir... no hacen ruido.
Un día cualquiera, se ponen el abrigo, abren la puerta… y ya no vuelven.
Como una hoja seca que se va con el viento.
Sin despedidas. Sin un solo adiós.
Nelson se tapó la cara con las manos. Y por fin, se dejó llorar.
Lloró con todo el cuerpo, con todo lo que ya no podía poner en palabras.
Lo había sentido antes. Lo supo desde hacía tiempo.
Lo supo desde el momento en que la vio quemar las fotos.
Y también cuando la encontró en el jardín