Justo cuando Eduardo estaba a punto de tirar la grabadora al basurero, Nelson dio un paso al frente, firme:
—¡Espera! Quiero escuchar qué tiene grabado.
Las palabras de los Lima le habían hecho saltar una alarma.
Esa grabadora no estaba ahí por casualidad. Elsa la había dejado a propósito, dentro de una caja de regalo, bien a la vista, sobre el escritorio. Tenía que significar algo.
—¿Para qué oír eso? Capaz dejó alguna maldición contra nosotros... qué mala vibra. Mejor tírala —soltó Eduardo, f