—¿Entonces... ya no hay vuelta atrás?
Nelson aún no quería rendirse. Volvió a insistir, con la voz apenas sostenida por la esperanza.
Elsa no dijo nada, pero ese silencio... ya lo decía todo.
Ese silencio fue lo último de ternura que Elsa le dio.
No es que no pudiera decirle que no. Lo que no sabía era cómo irse sin romperle el corazón.
—Ya entendí —murmuró Nelson, bajando la cabeza. Al fin, se rindió.
Elsa lo ayudó a incorporarse y sacó de la bolsa de su bata una cinta de casete.
Nelson la reco