El corazón de Vera latía desbocado. Caleb avanzaba hacia ella con una calma que helaba más que cualquier grito. Tomó la laptop y la arrastró a un lado del escritorio, como si esconder la evidencia sirviera de algo.
—Te dije que no te metieras en esto —repitió con un tono bajo, casi susurrado, pero con una amenaza latente que erizaba la piel.
Vera retrocedió un paso más, tanteando la manilla de la puerta.
—Caleb, escúchame… Podemos hablar, yo no… no diré nada, pero…
Él la interrumpió con una car