—¿Escuché bien? —preguntó la muchacha con una sonrisa cómplice.
—Lo escuchaste perfecto. El idiota me gusta, más de lo que debo admitir. Pero… —se detuvo a pensar un poco.
—No hay peros. Ambos se gustan, ¡hasta el chico de las copias lo sabe! —Mónic volteó a verla con expresión asombrada.
«¿Cómo era eso de que todos lo sabían?»
—¿A qué te refieres? —preguntó.
—Solo hay que leer sus movimientos y las miradas que ambos se regalan. Es algo inconsciente, pero todo el mundo aquí ve la química que ha