Thiago miró con detenimiento al menor, no necesitaba una prueba de paternidad para saber que era suyo, pues era su viva imagen. Incluso algunas miradas que este le daba eran las mismas que él hacía.
- ¡Dayana, por favor! ¡No seas infantil! -dijo Thiago seriamente.
Aquellas palabras entraron por en los oídos de Dayana e, inmediatamente, pulsaron un botón que Thiago hubiese preferido no encender.
Dayana se mostraba tan fuerte como la última vez que lo vio, pero, por dentro, sentía que, de no ser p