Aquel abrazo le hacía pensar en muchas cosas, aquel abrazo era lo único que Dayana necesitaba para calmar su cansado corazón. El sentir a su hijo, el verlo sano, el verlo ahí con ella en sus brazos, la hizo llorar.
Montones de imágenes de cuando estaba embarazada, de cuando el pequeño Rui tenía meses de nacido, de cuando comenzó a caminar, de todas las cosas que pasaron juntos por los cuatro años que estuvieron solos, llegaron de golpe.
- ¡Mi cielo! ¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy! ¡Te amo! ¡Te amo,