Dayana y Heinrich no habían vuelto a hablar desde que este le había hecho aquella pregunta. Al final, el viaje y aquellas noches sin dormir bien surtieron efecto y se quedó dormida el resto del viaje.
Antes de hacerlo, la cabeza de Dayana estaba hecha un lío; había muchas preguntas que necesitaba hacerle al hombre que conducía, pero no sabía cómo hacerlas, no sabía qué decir, además de que, en su mente, también estaba la imagen de su hijo.
Era una corta pero larga lista de cosas por hacer, ella