Tras aquella larga noche, Anya despierta, mira hacia la ventana, se ve sola en la habitación, se lleva las manos al rostro y comienza a llorar.
Ella sentía un enorme hueco en el pecho, la calidez de su vientre ya no estaba ahí. Su mente estaba plagada de culpas, sí, pues si ella se hubiera quedado en casa, nada de esto hubiera sucedido.
Anya se sentía culpable, pues si ella hubiera seguido en casa, todo estaría bien. Ella no tenía ninguna razón por la que haber regresado a Juilliard, más cua