El cielo se había vuelto oscuro, Theo esperaba pacientemente a que Anya despertara, aún no sabía cómo iba a manejar lo que tenía que decirle. La observaba en silencio desde el sofá donde estaba sentado.
Ver a Anya recostada ahí, pálida y con una intravenosa en el brazo, lo hizo recordar al día en que él la conoció y que, montones de recuerdos vinieron a la mente de él, pues era la viva imagen de, en aquel entonces, amor de su vida.
Ahora que estaba ahí, no podía parar de sentirse culpable, por