Ryder.
—Es el pasado de tu madre, mucho antes de mí —me explica—, y ella decide si es bueno contarles o no.
Yo asiento lentamente, papá tiene razón, es el pasado de mamá y yo un metiche, una herida que le duele a ella, y no debo enojarme si no me quiere contar, lo que tuvieron no me afecta, y lo entiendo, los objetos tienen energía y más cuando las personas mueren.
Abrazo a mi padre y luego me dirijo a mi habitación a darme una larga ducha. Enciendo la regadera y espero que suelte toda el agua fría, esperando la tibia, aunque lo más probable es que nos pongan a entrenar aprovechando que llegamos temprano a casa, así que, para perder la flojera, debería bañarme con agua fría, cierro la llave caliente y dejo la fría, en eso, se escucha poco la regadera y alguien toca la puerta.
—Me voy a dar una ducha, en un momento salgo —aviso y, aun así, vuelven a tocar.
Camino hasta la puerta pensando que puede ser importante, al abrirla no veo a nadie a mi vista hasta que siento algo en mis piernas