—No me causas nada.
Ladea una sonrisa como si supiera que miento.
Se acerca a mí oído y suelta su aliento a menta en el. ¡¡Maldición, se sintió exquisito!!.
—No mientas. —Musita. —Tu cuerpo sabe perfectamente que es lo que desea. —respirar se me dificulta y controlar mi respiración es difícil. —Caerás...
Intento controlar mis deseos al dejarme llevar pero, ¡¡Maldita sea, ya había probado de él y mi cuerpo me grita que me deje llevar!!.
Sus labios se deslizan por mis mejillas y rozan mis labios