El silencio se volvió denso.
Más pesado que todo lo que habían dicho hasta ahora.
Xander apoyó lentamente la espalda contra la silla, sin dejar de mirarla.
—No lo sé —admitió finalmente.
Era la primera vez que Elena lo escuchaba decir eso sin orgullo.
Sin ironía.
Sin defensas.
Solo verdad.
Elena entrelazó los dedos sobre la mesa.
—Tal vez no era el hombre que creías.
Xander negó suavemente.
—O tal vez era peor de lo que tú crees.
Elena sostuvo su mirada.
—No… —susurró—