El portazo de Xander aún parecía vibrar en las paredes.
Elena se quedó inmóvil en medio de la sala, con el pecho agitado, como si el aire no alcanzara.
Había dicho demasiado.
Pero no se arrepentía.
No esta vez.
Lentamente llevó una mano a su vientre.
Cerró los ojos.
El silencio de la casa era pesado distinto.
Como si todo lo que había sostenido hasta ese momento comenzara a resquebrajarse.
Caminó despacio hasta el sofá y se dejó caer.
—No… —susurró—. No puede ser así.
Pero lo era, to