Giselle
Abrí los ojos sobre saltada y aún era de noche. La ventana corrediza de cristal que daba al balcón estaba abierta y las cortinas serpenteaban por el aire que estaba entrando.
Mis músculos se contrajeron cuando me senté en la cama y miré a mi alrededor en la habitación. Estaba todo en penumbras escasamente alumbrado por la luz lunar que a penas dejaba ver atisbos de cosas.
Observé el reloj en la mesa, eran las cuatro de la mañana.
Una mala sensación me caló los huesos cuando me quedé m