Nathan
Llovía muy fuerte, el sonido de los truenos me asustaba y no quería estar solo. Mamá me había prohibido que saliera de mi habitación de noche; en el día, podía estar en los espacios comunes de la casa, pero cerca del atardecer, me llevaba a mi habitación, me servía la cena y se iba, no sin antes recordarme que no debía bajar hasta el amanecer. Nunca la había desobedecido, hasta esa noche.
Crucé la puerta y comencé a bajar las escaleras, temblando de miedo. Dormía en el ático, en un espac