Mundo de ficçãoIniciar sessãoNa ancestral cidade de Odessa, onde as estações parecem guardar segredos milenares, um colar de raízes e folhas desperta a atenção de Helen Crane, uma jovem marcada por um legado oculto. Ao colocar o artefato, Helen é arrebatada por visões e forças que a conduzem ao coração da floresta, onde a lendária Huldra — espírito selvagem da natureza — a aguarda com revelações sombrias. Enquanto Louise Crane, mãe de Helen e matriarca da linhagem, busca ajuda de investigadores para descobrir o paradeiro da filha e do artefato familiar, por trás de seu desaparecimento trágico esconde-se uma trama muito mais obscura. Louise guarda um pacto antigo com a criatura, selado a cada Equinócio de Primavera com o sacrifício de uma descendente. Quando Helen desperta, o ciclo da metamorfose recomeça — trazendo consigo o perigo de que a imortalidade cobrada pela Huldra tenha um preço ainda mais alto. Entre raízes que sussurram e máscaras herdadas, o verdadeiro rosto da Primavera começa a emergir.
Ler mais18 AÑOS ANTES APROXIMADAMENTE
Sus padres habían llegado hacía menos de una semana de su viaje, y desde entonces no habían podido hacer mucho con Ronnie más que un beso robado o un rapidito en algún sitio oculto cuando sus padres estaban distraídos.
Bueno en realidad no era del todo cierto, pensó sonriendo y tocándose los labios. Por la mañana la había agarrado, la metió en una especie de armario de la casa. Su padre ya se había ido a trabajar y su madre justo salió un momento por un imprevisto, debido al llamado de una vecina.
Él llegaba de correr todo sudado, y cuando la vió desayunando, sin decirle nada la tomó de un brazo.
— ¿ Qué haces ?¡ mamá podrá encontrarnos!!! —
lo reprendió ella pero sonreía traviesa.
El olor de él era embriagante, almizclado por su sudor. Ella sintió la humedad entre sus piernas, él surtía ese efecto en ella.
— ¡Ven rápido June, si hablas perdemos el tiempo!!! — la reprendió él mientras la llevaba a rastras prácticamente.
La llevó al cuarto de lavado, donde había un pequeño armario. Allí había un espacio, estaba empotrado en la pared y tenía una puerta. Él la metió ahí.
Ella no pudo evitar reír.
— El hecho de que puedan encontrarnos me excita más — le dijo dándole un beso rápido Ronnie, metiéndole la lengua mientras se frotaba contra ella. Tomó sus manos con una de las suyas y las llevó sobre su cabeza mientras atacaba su cuello y con la otra mano, se metía por debajo, bajo la camiseta para agarrar uno de sus senos.
June gimió sin poder evitarlo.
— ¿ Te gusta "hermanita"? — le susurró en el oído. Amaba llamarle así y que ella le dijera 'hermano' aunque en realidad no tenían ningún lazo entre ellos pues eran hermanastros y desde hacía poco, aunque se conocían de pequeños. En ese momento eran prácticamente adultos, o mejor dicho jóvenes. Jóvenes que habían cumplido la mayoría de edad y estaban en el verano previo a la entrada a la universidad.
— Amo tus pechos — dijo él con un gruñido mientras levantaba su camiseta, bajaba su brassier y atacaba de lleno su delantera.
Él amasó, chupó, succionó y ella sintió que sus panties se humedecían.
June gimió más fuerte.
Él llevó su mano a su boca.
— Cállate salvo que quieras que nos encuentren — dijo él y sonrió con satisfacción. A media luz podía ver su rostro hermoso de cabello y ojos oscuros. Su camiseta húmeda por el sudor marcaba sus músculos, sus bíceps.
Ella lo agarró de los brazos y el volvió a atacarla. Iba de uno a otro pecho mientras los amasaba, pasando su pulgar por sus crestas ya sensibles pues él las había degustado durante días antes de la llegada de sus padres de su luna de miel.
Él fue agachándose, bajó por su vientre redondeado pues ella era una generosa talla 12, y bajó más hasta abrir sus piernas.
Cuando enterró su cabeza ahí, atacandola con su lengua, June debió morderse los labios. Agarró su cabello para hundir su rostro aún más entre sus piernas mientras él no le daba tregua.
Estuvo un rato allí, lamiendola, jugueteando con sus dedos hasta volverla loca de deseo.
Luego se incorporó, bajó su pantalón deportivo y sacó su miembro. Se la metió sin dilaciones, empujándola contra la puerta.
— ¡Oh June, maldición, como extrañé esto!
Ella también lo había extrañado. La embistió como poseído por el deseo mientras buscaba sus labios. Se dieron un beso a la vez apasionado y tierno. Ella llegó a la cima del placer primero y él pudo sentirla, siempre lo hacía. Y luego se vino dentro de ella, mordiendo su hombro para acallar un estertor que le salió desde adentro de su pecho. Siempre era así con su hermanastra.
En ese momento estaban ambos temblorosos y sudados. Su madre aún no había llegado.
— Ven vamos a la ducha — suplicó él aún temblando.
— Si mamá nos encuentra a ambos con el cabello húmedo puede ser sospechoso Ronnie
— Pues usa un bendito gorro de baño — dijo él y pellizcó uno de sus pechos de manera juguetona.
Finalmente la convenció y fueron juntos a la ducha dónde se enjabonaron mutuamente como amaban hacerlo.
— Tu cofia se ve graciosa hermanita
Ella rió y le tiró espuma en los ojos.
— Ah, ¿ con que esas tenemos? — el la agarró en un abrazo de oso y empezó a frotarse con ella, husmeando su cuello.
— ¡Jajajaja basta Ronnie, sabes que me da cosquillas, para!!! — él también rió y aprovechó para hacerle cosquillas. Hasta que en un momento la miró serio. Ella también dejó de reír y el momento se volvió íntimo.
Ella se dió vuelta y él la apoyó contra la pared de azulejos. Esta vez fue despacito, entrando centímetro a centímetro mientras besaba su cuello y llevaba una mano a su entrepierna para estimularla por delante hasta llevarla a la cúspide del placer...
Cuando llegó su madre no había ningún vestigio de lo que había ocurrido entre ambos. Él volvió a su papel de hosco adolescente no muy feliz con el casamiento de sus padres y ella a una sutil indiferencia. Igual temía que su madre se diera cuenta, ella la conocía muy bien. Y de idiota no tenía un pelo.
La madre de ella había sido íntima amiga de la madre de Ronnie, luego ésta murió y nadie sabía bien como pero entre consuelo y consuelo la madre de June y el padre de Ronnie se habían emparejado.
Ella y Ronnie se conocían de toda la vida y su relación había tenido altibajos, pero desde que sus padres se casaron todo había empeorado, él se deleitaba haciéndole todo tipo de maldades.
De eso había pasado poco más de un año.
En ese momento eran vacaciones de verano, el colegio - esa maldita tortura - había terminado.
Ahora eran mayores de edad y cada uno tomaría un rumbo. Su mejor amigo Kenny el MIT, ella su sueño de toda la vida alimentado por la misma madre de Ronnie desde que le regaló su primer libro: iría a Columbia. Y Ronnie cuyo único sueño era jugar en los Cowboys, iría a la universidad de Dallas.
Fue justamente ese verano cuando todo cambió cuando sus padres se fueron a una postergada luna de miel dejándolos solos quince días. Quince días que ella pensó serían tortuosos pero de alguna forma se transformaron en los más maravillosos de su vida.
Nada había sido planeado, simplemente de alguna manera se habia dado.
Ella siempre secretamente había amado a Ronnie, incluso cuando la despreciaba...
Pero esos días...nunca se los hubiera imaginado. Ni en sus mejores sueños.
Él fue su primer hombre, y por primera vez en la vida la idea de ir a Columbia estaba tambaleando.
Quizá podía estudiar en Texas para no mantenerse tan alejada, quizá...
—...mí amor, sabes que jamás te dejaría por esa cerdita...— era voz de Ronnie.
Escuchó el sonido de besos.
— Por Dios Carly, como te he extrañado...
Carly había sido su nemesis en la prepa. Una auténtica zorra que le hizo la vida imposible, la líder de las porristas y una rubia de infarto.
Y la novia de Ronnie por supuesto. Se había ido casi al mismo tiempo que sus padres. Fue a la casa de sus primos en Los Ángeles pues allí estudiaría y quería evaluar el lugar, de paso ver cómo era vivir en la playa por unos días ya que sus visitas por la distancia, habían sido muy ocasionales. Pero ahora de alguna forma había conseguido el dinero y pudo viajar. Carly se daba ínfulas pero su familia no era millonaria. De hecho, Ron padre tenía mucho más dinero.
— ¿ De verdad me extrañaste? — le dijo con su voz ridícula de niña.
Otro sonido de beso de lengua.
— Obvio, no veía la hora de que estés de regreso para disfrutar lo que queda del verano —
June se tambaleó y debió sostenerse. Estaban fuera, en la ventana y ella los podía oír fuerte y claro. Su madre justo la había enviado a la tienda de abarrotes y cuando estaba por salir los escuchó.
Casi pudo oír el ruido de su corazón al partirse.
Respiró hondo. "Un día seré una escritora millonaria, seré bella y delgada, y se tragará sus palabras". Ella siempre había tenido la autoestima por el subsuelo.
Pero a quién quería engañar. Sentía su cuerpo como gelatina, y lo único que deseaba era hacerse un bollito en su cama y ponerse a llorar.
Consideró decirle la verdad va su madre...o al menos que no podía salir a comprar, pero una parte de ella quería que él supiera que ella lo escuchó. Que mientras ella lo amaba él la usaba como método de descarga hasta que volviera Carly.
Nunca supo de dónde tomó valor, pero abrió la puerta con toda la dignidad del mundo y los enfrentó.
— Sería bueno que sus conversaciones íntimas las mantuvieran en privado, ya que se puede oír absolutamente todo desde adentro y esta es una casa de familia. Aquí viven nuestros padres...— tenía los ojos acuosos pero no les iba a dar el gusto. Ya habría tiempo para llantos.
A lua cheia banhava a floresta com sua luz pálida, as sombras dançando entre as árvores antigas. Genevieve e Graham caminharam. — Não posso ir embora ainda, Graham. Tem algo que preciso fazer antes. — Genevieve disse. —Preciso saber para onde a Mãe dos Bosques levou Helen. — A voz suave, mas determinada. Ela caminhava com propósito, cada passo parecia sintonizado com o ritmo antigo da floresta.A tensão entre eles era quase palpável. O rosto de Graham, marcado pela preocupação, observava Genevieve, que exibia um semblante calmo, que contrastava com a inquietação de Graham.Genevieve sentiu a mesma brisa que os guiou até Helen antes. Carregando folhas e galhos, formando pequenos redemoinhos que dançavam entre as árvores. Em seu coração Genevieve sabia que era aquele lugar e o momento certo, ela parou no meio de algumas árvores e ergueu os braços, como se acolhesse o vento. — Mãe dos Bosques, venha até mim, eu clamo por tua atenção, Bela Dama das Florestas, Senhora das Árvores Ancestr
Genevieve e Graham avançavam pela rua que levava à Mansão Crane. O céu noturno parecia oprimido por nuvens densas, e um silêncio inquietante pairava no ar, como se a própria natureza aguardava com expectativa o desenrolar dos eventos. Genevieve sentiu um arrepio correr pela espinha, seus instintos alertando que algo fundamental havia mudado. Ao longe, a mansão se erguia majestosa, mas algo em sua aura parecia diferente, menos opressiva, como se a escuridão antiga que envolvia a propriedade estivesse, aos poucos, se dissipando.— Estamos chegando. — disse Graham, com uma nota de ansiedade perceptível em sua voz. Genevieve apenas assentiu, o olhar fixo na estrada à frente, determinada a por fim ao ciclo de dor que atormentava a família Crane por gerações.Ao adentrarem o hall da mansão, foram recebidos pelo crepitar solitário da lareira na sala ao lado. A figura de Louise Crane — ou melhor, Thelmira Crane — estava de pé, apoiada em uma bengala, a luz do fogo desenhando sombras alongada
A antiga floresta se aproximava, sua presença imponente crescendo no horizonte à medida que Graham guiava o carro pela estrada sinuosa. A informação dada por Louise indicava que o ladrão estaria escondido lá. Dentro do veículo, o silêncio entre ele e Genevieve era espesso, cortado apenas pelo som rítmico dos pneus sobre o asfalto.Genevieve começou a se encolher no banco, os braços se cruzando ao redor do corpo como se quisesse se proteger de um frio inexistente. O pingente de lebre em seu peito tremia levemente, refletindo sua pulsação acelerada.— Eve, está tudo bem? — perguntou Graham, desviando brevemente o olhar da estrada.Ela hesitou, balançando a cabeça em um gesto afirmativo, mas seus olhos continuaram fixos nas árvores à frente. Quando Graham estava prestes a insistir, Genevieve subitamente se virou para ele, e sua voz ecoou firme, guiada por algo além dela mesma.— Pare aqui! — A ordem soou com uma autoridade inesperada.Graham freou bruscamente, surpreso. Antes mesmo que o
Os raios suaves do sol penetravam a densa copa das árvores, iluminando a floresta em tons de verde vibrante. Animais passavam a poucos metros de Helen, mas, curiosamente, pareciam não perceber sua presença. Sentada encostada no alto carvalho, a menina observava o ambiente ao redor, tentando acalmar a mente agitada. O vento soprava suavemente entre as árvores e arbustos, levantando as folhas secas e levando-as para longe. Flores novas desabrochavam, e o verde tomava conta da paisagem, uma visão que contrastava com as ruas gélidas de Odessa, onde o inverno ainda se recusava a ceder espaço para a primavera.— Odessa... — Helen murmurou para si mesma. Ela estaria muito longe de casa? O colar de coração de raízes em seu pescoço ainda pulsava, em um ritmo que ecoava o seu próprio.Os pensamentos de Helen voltaram-se para a visão que a Huldra lhe havia mostrado. Ela se lembrava das histórias que sua avó, Honória, contava sobre Thelmira Crane. Thelmira, a primeira matriarca da família, tinha
Último capítulo