Melanie se quitó la ropa a toda prisa; le temblaban las manos mientras buscaba su erección y la rodeaba con los dedos.
Se inclinó sobre él y le rozó con los labios un pezón oscuro hasta atraparlo, mientras con la otra mano empezaba a acariciarle el miembro ardiente con un vaivén lento, tortuoso y preciso.
—Sss... ah... se siente tan bien... mmm... —jadeó Drago. La caricia lo tenía duro como acero. Se le tensó el cuerpo de anticipación.
“Dios, esto es increíble... Melanie es demasiado buena en es