Paulina
Afuera, en el jardín, el mundo parecía otro. Como si nada de lo que habíamos vivido hubiera ocurrido en realidad. Como si los monstruos que arrastrábamos no pudieran alcanzarnos bajo la luz suave de ese día.
Desde mi lugar junto a la mesa, con una taza de café entre las manos, los observaba.
Magda corría por el pasto descalza, el cabello suelto agitándose como una banderita castaña. Reía fuerte, libre, empujando a su hermano hacia la hamaca mientras él la miraba con una mezcla de falso