Max
Mi hermana estaba viva.
Lo repetí al menos una docena de veces en mi cabeza, pero no lograba que dejara de sonar como una fantasía.
Giselle. Mi Giselle.
La que vi desaparecer de nuestras vidas como un suspiro que se llevó el viento.
Y no solo eso.
También estaba mi descendencia. Mis hijos. Un plural que sonaba a fantasía. A un regalo del cielo.
Una hija cuya primera palabra había sido "papá".
Un hijo del que nunca supe nada.
Y Paulina…
Dios. Mi mujer.
Era demasiada información para un solo