Lukyan sentía la brisa golpear su trasero en la posición en la que estaba. Aralia corría rápidamente, sin apenas inmutarse por el peso extra, tampoco era que el omega pesara mucho. No sabía a dónde lo llevaba, pero por si acaso, recordó todo lo aprendido cuando cachorro y con un ágil movimiento, que Aralia no se esperaba, logró soltarse de su agarre y saltar.
Cayó arrodillado en el suelo disminuyendo el impacto. La otra loba se detuvo de golpe y lo miró con un brillo inusual en sus ojos.
–Oh, e