Escuchar su nombre saliendo de los labios de ese frío lobo, que siempre mantenía la distancia de él, pero casi sin aliento y con tono excitado, hizo que todo el cuerpo de Bastian temblara y un marcado sonrojo cubriera sus mejillas, extendiéndose por su cuello.
¿Qué demonios?
Estaba habituado al siempre frío Falco, no a este lobo que podía tener la voz grave y hacerle latir el corazón. Se preguntó cómo sería en el sexo, si sus ojos brillarían, si sus colmillos se alargarían si su pecho desnudo y