La conversación con su madre quedó suspendida en el aire de la sala como una pregunta sin respuesta. Liam no supo qué más decir. Las palabras de Vanessa, «he aprendido que el dolor no me define», se repetían en su cabeza como un eco que no podía silenciar. Por un momento, el muro de rabia y desconfianza que había construido alrededor de su corazón se resquebrajó, pero solo un instante. Luego, la imagen de Ignacio arrodillado frente a Mateo volvió a su mente, y el rencor regresó con la fuerza de