El sol se había elevado sobre Miami cuando Héctor llegó al apartamento de Brickell. No había llamado antes, no había avisado. Sabía que Liam estaría despierto, que su mente no descansaba mientras el caos se cernía sobre su familia. El anciano subió en el ascensor con el bastón en una mano y una carpeta de documentos en la otra, sintiendo el peso de los años en cada paso. Cuando Liam abrió la puerta, sus ojos se encontraron, y en ellos vieron el reflejo de la misma tormenta.
—Necesito hablar con