Demetrio se despertó con el sonido tenue de la lluvia golpeando la ventana. El cielo estaba oscuro, cubierto de nubes bajas que parecían descansar sobre los Alpes. A su alrededor, la habitación del hotel de lujo olía a perfume caro ya ceniza de cigarro.
Dos mujeres dormían a su lado, envueltas apenas por las sábanas. Él las miró con indiferencia, se incorporó lentamente y se pasó la mano por el rostro con gesto cansado.
—Despierten. Tomen mil dólares cada una de la cartera —murmura, sin emoción