ALEX GARCÍA
Abrí los ojos con dificultad, estaba agotada y adolorida. Santiago, pese a la herida de su hombro, no me dio tregua en toda la noche y no me quejaba. Nunca pensé que se podía morir de placer y yo sentí que me pasaría en más de una ocasión.
A tientas busqué el cuerpo de Santiago, pero no lo encontré. Lo último que recordaba, cuando el cansancio ya era demasiado para luchar contra él, eran sus lindos ojos viéndome entre la penumbra, con ternura, mientras sus dedos acariciaban lentame