CAPÍTULO 40. Un ataque inesperado
CAPÍTULO 40. Un ataque inesperado
El danés había pasado de la arrogancia al melodrama en cuestión de segundos. Hasta hacía un momento se había movido por la sala con la seguridad de quien cree tener todas las cartas a su favor, pero ahora tenía los hombros caídos y el gesto crispado. Se llevó una mano al pecho, respiró hondo y negó con la cabeza como si acabara de recibir una ofensa imperdonable.
—Esto es un malentendido —dijo, modulando la voz para que sonara dolida, casi lastimera—. De verdad, Cassian, no sé cómo hemos llegado a esto. Jamás intenté engañar a nadie. Tú me conoces. Sabes que te respeto.
Algunos de los presentes intercambiaron miradas incómodas. El silencio pesaba, y Cassian lo observó durante un par de segundos, con esa calma suya que siempre resultaba inquietante. No había rabia en su rostro, solo una frialdad controlada que anunciaba problemas.
—Haznos un favor y cállate —dijo al fin, sin levantar la voz, pero con una firmeza que cortó cualquier murmullo—. Ese papel