CAPÍTULO 41. El valor de una propiedad
CAPÍTULO 41. El valor de una propiedad
Athena seguía sentada en el borde de la cama, con la espalda recta más por costumbre que por comodidad. Tenía las manos apoyadas sobre el regazo, los dedos entrelazados con demasiada fuerza, como si soltar la tensión pudiera hacer que todo se desmoronara de golpe. La habitación estaba en silencio, un silencio espeso, apenas roto por el murmullo lejano de la ciudad que se filtraba por la ventana entreabierta.
Cassian se movía despacio, sin prisa, como si cada paso estuviera calculado. No parecía alterado, pero Athena lo conocía lo suficiente para saber que esa calma era solo una capa más.
—Eso no importa —dijo él al fin, rompiendo el silencio—. El contrato. No importa.
Athena alzó la vista hacia él, con el ceño fruncido, claramente desconcertada.
—Sí importa —respondió, con una mezcla de cansancio y frustración—. Era la prueba. Era lo único que teníamos en la mano.
Cassian negó con la cabeza y se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos. Su pos