CAPÍTULO 39. La verdad donde más duele
CAPÍTULO 39. La verdad donde más duele
Cassian se quedó pensativo durante un momento, inmóvil, con la mirada fija en el suelo de la terraza privada como si allí pudiera encontrar la grieta exacta por la que se había escapado algo tan grande. Athena lo observó en silencio, sin atreverse a interrumpirlo. Podía ver cómo su mandíbula se tensaba y cómo sus hombros se mantenían rígidos, señal inequívoca de que estaba procesando algo que no le gustaba en absoluto.
—¿Cómo se me pudo escapar algo así? —preguntó al fin, más para sí mismo que para ella—. Un detalle tan importante… ¿cómo lo pasé por alto?
La voz le salió baja, contenida, pero cargada de una irritación que no necesitaba volumen para imponerse. Athena respiró hondo. Sentía que ese era el punto exacto en el que podía retroceder o terminar de empujarlo todo hacia adelante, y decidió no retroceder.
—Eso pasa cuando uno está distraído con lo que no debe —dijo él despacio y ella entendió que se refería a ella.
—Y no hablas del contrato.