CAPÍTULO 38. Un deber cumplido
CAPÍTULO 38. Un deber cumplido
Athena terminó de vestirse frente al espejo con movimientos lentos y medidos, como si su cuerpo todavía no confiara del todo en el lugar en el que se encontraba. El vestido le quedaba perfecto, demasiado bien para alguien que seguía sintiéndose frágil por dentro. Ajustó la tela sobre sus caderas y respiró hondo, intentando no pensar en todo lo que había pasado para llegar hasta ahí.
Cassian apareció detrás de ella sin hacer ruido; y Athena lo percibió antes de verlo, por esa presencia densa que siempre parecía ocupar más espacio del necesario. En sus manos llevaba una gargantilla ancha, pesada, cubierta de diamantes que reflejaban la luz con un brillo frío y calculado. La sostuvo unos segundos frente a su cuello, como evaluando el efecto, y luego la colocó con precisión, cerrando el broche con un clic suave.
Athena sintió el peso inmediato alrededor de la garganta. No era incómodo, pero sí contundente. Los diamantes cubrían por completo las marcas violác