CAPÍTULO 37. Lo peor de un asesino
CAPÍTULO 37. Lo peor de un asesino
Cassian le sujetó la barbilla con brusquedad, y aquellos dedos firmes se clavaron en su piel como si necesitara comprobar que era real, que estaba ahí y no era una ilusión peligrosa. Athena soltó un jadeo ahogado, sorprendida más por el gesto que por la fuerza, y sus manos se elevaron por reflejo, sin atreverse a tocarlo.
—¿En qué momento te equivocaste tanto —le dijo él, con la voz baja pero cargada de furia contenida— como para pensar que esa información era