CAPÍTULO 27. Una certeza peligrosa
CAPÍTULO 27. Una certeza peligrosa
Cassian llegó a la casa dos horas después como un huracán. La puerta principal se abrió de golpe y su presencia llenó el vestíbulo con una tensión inmediata, densa, casi eléctrica. No se quitó el abrigo, no miró a nadie, y su voz estalló antes incluso de que alguien pudiera saludarlo.
—¡May! ¿Dónde demonios está Athena? gritó y el eco de su voz se estrelló contra las paredes altas.
El ama de llaves apareció casi corriendo desde el pasillo, pálida, con el gesto