CAPÍTULO 27. Una certeza peligrosa
CAPÍTULO 27. Una certeza peligrosa
Cassian llegó a la casa dos horas después como un huracán. La puerta principal se abrió de golpe y su presencia llenó el vestíbulo con una tensión inmediata, densa, casi eléctrica. No se quitó el abrigo, no miró a nadie, y su voz estalló antes incluso de que alguien pudiera saludarlo.
—¡May! ¿Dónde demonios está Athena? gritó y el eco de su voz se estrelló contra las paredes altas.
El ama de llaves apareció casi corriendo desde el pasillo, pálida, con el gesto tenso y los hombros rígidos, como si ya supiera que aquello iba a ser una tormenta imposible de esquivar. Se detuvo a unos pasos de él, juntando las manos, buscando las palabras correctas.
—Señor… yo…
—¡¿Por qué la dejaste salir?! ¡¿En qué estabas pensando?!
May tragó saliva y bajó la mirada, como si repasara mentalmente todo lo que había pasado en los últimos días.
—La verdad es que tenía más miedo de dejarla dentro que de dejarla ir —dijo al fin—. La señora Caroline no parece estar en sus cab