CAPÍTULO 23. Amenazas
CAPÍTULO 23. Amenazas
Athena se miró al espejo del baño con el teléfono aún en la mano.
“En un rato”, se dijo, intentando convencerse de que esa promesa no era otra forma de huir. Le pediría ayuda a Harry, pero antes de ponerse a pensar qué le diría exactamente, unos golpes firmes en la puerta la sobresaltaron, tan secos que casi se le cayó el teléfono.
—Athena —dijo la voz del ama de llaves desde afuera—. Apúrate. El señor pidió su desayuno y quiere que se lo sirvas tú.
Athena cerró los ojos un segundo, como si ese gesto pudiera devolverle algo de calma. ¡Bueno, la siguiente humillación era servirle después de todo lo que había pasado la noche anterior! Así que guardó el teléfono en el bolsillo, se acomodó el cabello y salió hacia la cocina.
—Ya voy —respondió, con un tono que intentó sonar obediente y neutro.
Allí, una de las muchachas ya preparaba una bandeja con café, jugo y algo de pan tostado. El aroma le resultó reconfortante y cruel al mismo tiempo.
—Toma, llévala tú —dijo la