CAPÍTULO 22. Crueldad y deseo
CAPÍTULO 22. Crueldad y deseo
Cassian no se volvió inmediatamente. Dio un sorbo pausado a su café, inhaló con calma y solo entonces giró la cabeza, lo justo para poder mirarla por encima del hombro.
—¿Detenerte? —repitió con aire distraído—. Linda, literalmente me até las manos para no tocarte.
Athena parpadeó y sus ojos fueron instantáneamente a una de sus muñecas, que aún tenía una ligera marca roja en la piel, como recordatorio de cuánto había peleado contra el cinturón.
—Fuiste tú quien decidió treparse encima de mí —continuó con total normalidad—. Y, sinceramente, no recuerdo haber visto a alguien tan… insistente.
Athena sintió que la cara le ardía hasta las orejas.
—¡Eso no es excusa! ¡Yo no estaba en mis cinco sentidos! ¡Tú lo sabías!
Cassian se encogió de hombros.
—Por eso no te toqué. No puedo hablar de tus cinco sentidos, pero es sexto… ¡bueno, doy fe de que el sexto te funciona muy bien!
Athena sintió que quería ahogarlo allí mismo con sus propias manos, pero la verdad era