CAPÍTULO 22. Crueldad y deseo
CAPÍTULO 22. Crueldad y deseo
Cassian no se volvió inmediatamente. Dio un sorbo pausado a su café, inhaló con calma y solo entonces giró la cabeza, lo justo para poder mirarla por encima del hombro.
—¿Detenerte? —repitió con aire distraído—. Linda, literalmente me até las manos para no tocarte.
Athena parpadeó y sus ojos fueron instantáneamente a una de sus muñecas, que aún tenía una ligera marca roja en la piel, como recordatorio de cuánto había peleado contra el cinturón.
—Fuiste tú quien dec