CAPÍTULO 24. Rabia y oportunidad
CAPÍTULO 24. Rabia y oportunidad
—¿Que no lo suelt…?
Athena no entendió qué estaba pasando hasta que vio a Caroline inclinarse sobre la mesa y tomar el pequeño aparato para derretir la cera de depilación. El zumbido bajo del calentador le heló la espalda y cuando vio la cera líquida brillar en el recipiente, supo que aquella mujer estaba incluso más loca de lo que aparentaba.
—Señorita Caroline, por favor… —dijo Athena, retrocediendo un paso, pero ella ni siquiera la miró.
Sus dedos, firmes y precisos, sostuvieron el aparato sobre ella y su sonrisa se convirtió en una mueca llena de satisfacción.
—Esto te enseñará a escucharme —respondió Caroline con un tono tan bajo como rabioso—. ¡Ahora quédate quieta!
—No, por favor, no… —Athena negó con la cabeza, mientras el corazón le golpeaba el pecho demasiado rápido.
La cera cayó de golpe. No fue una cascada, fue peor: un hilo espeso que se extendió sobre la piel de sus manos y se pegó a ellas como una segunda capa. El dolor fue inmediato, pun