Antes de llegar al aeropuerto, le envié un mensaje rápido a Samantha pidiéndole la noche libre. Necesitaba espacio. Un refugio donde los kilómetros dejaran de existir y donde nadie nos observara.
No respondió. Aun así, conduje con Nasim hacia mi casa.
—Vivo con una amiga —le advertí mientras abría la puerta —. Pero siéntete cómodo… este es tu hogar por el fin de semana.
Nasim me miró con una humildad inesperada en alguien que siempre parecía tan dueño de sí mismo.
—No exijo nada, extraña —dijo