Terminé la universidad.
Con él.
El número cuatro.
Nos graduamos juntos, pero no seguimos juntos.
Y entendí algo que no había querido aceptar antes:
No era que no fuera suficiente…
era que yo todavía no sabía quedarme donde no dolía.
Así que me fui.
Sin ruido.
Sin historia.
Y entonces apareció Danilo.
El número cinco.
Un amigo de toda la vida.
De esos que siempre estuvieron ahí,
pero que nunca miraste de esa forma.
Hasta que un día… lo haces.
Danilo era todo lo contrario a lo que venía viviendo.