La madrugada en la mansión era un mausoleo de sombras y silencio. El reloj digital sobre la mesa de noche marcaba las tres y cuarto, pero para Victoria, el tiempo había dejado de existir. Ya no había un conteo regresivo hacia la libertad. Ya no había un plan de escape, ni un padre al que salvar. La niña que contaba los días y las horas había sido brutalmente asesinada en el suelo de concreto del Sótano 3, y lo que quedaba de ella ahora yacía despierta, envuelta en las sábanas de seda negra de l