El tiempo se había detenido dentro de la suite. Con las pesadas persianas de acero bloqueando las ventanas, era imposible saber si afuera era de día o de noche. La habitación se sentía como una tumba de lujo.
Aleksei había convertido la pequeña sala de estar de la habitación en su centro de mando. Llevaba un auricular negro en la oreja derecha, su pecho aún desnudo tras nuestra sesión en la ducha, y el pantalón de chándal bajo en las caderas. Caminaba de un lado a otro frente al sofá, con la te