Boda falsa con el millonario

Boda falsa con el millonarioES

Cuevasb09  Completo
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Resumen
Índice

En la boda de su amiga, Amelia conoce a Maximili Miller, un misterioso hombre que trata de buscar conversación con ella. Lo que menos esperó Amelia, fue que días más tardes, aquel hombre empezara a perseguirla y acosarla. Desde apariciones en su trabajo, hasta mantener una persecución con ella en plena calle. Todo llega a su fin cuando ella reune el valor suficiente de confrontarlo, y preguntarle que es lo que quiere de ella. Amelia esperaba cualquier respuesta, menos que Maximili le propusiera ser su esposa falsa. "Será un negocio corto de pocos meses, tendrás una buena remuneración; solo tienes que fingir ser mi esposa, solo tienes que fingir que somos una pareja feliz... luego te irás con tu dinero y jamás volveremos a vernos de nuevo". Lo que comenzó como un particular negocio, terminó abriendo paso a sentimientos que Amelia se negaba a sentir. Sabía que era solo un trato que pronto se rompería, sabía que todo era una mentira, temía enamor de él... porque al final, solo era la esposa falsa de un millonario que nunca correspondería sus sentimientos... ¿O tal vez sí?

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Capítulo 1: Boda.
Nunca le habían gustado las bodas, de hecho, la única razón por la que Amelia había accedido a ir a aquella boca era porque quien se casaba era su mejor amiga, de lo contrario, se encontraría acostada en su cama lamentándose porque las cortas vacaciones que su jefe le había dado, estaban a punto de terminar.La razón por la que Amelia detestaba las bodas, era porque le hacían recordar lo sola que estaba. Veintiocho años y cada una de sus relaciones amorosas habían fracasado de una manera tan horrorosa que un día de lágrimas, la mujer había pensado en ir a donde un curandero, en ese instante que lo pensaba, le ocasionó risa, pero en su momento, le pareció una opción con bastante sentido: se había dicho que su poca suerte en el amor solo se podía deber a una clase maldición. Cualquier cita, cualquiera pareja, cualquier esposo… cada uno peor que el otro, le arrancaban su fe en el amor, se la habían arrancado hasta el grado en el que esta apenas existía.Amelia suspiró cuando vio a su ami
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Capítulo 2: Cafetería.
No podía decir que detestaba su trabajo, pero sabía que merecía algo mejor que trabajar en una cafetería, a pesar de que era una muy reconocida a donde un flujo enorme de clientes acudían, sentía que tenía potencial para algo más, la cuestión era que no sabía que era ese algo más. El único talento que tenía Amalia, a pesar de la paciencia, era el escribir, pero hace mucho esos sueños se habían quebrado.Eran las seis y cincuenta de la mañana, la cafetería aún no había abierto, pero estaba a punto de hacerlo, le gustaba tomar los primeros —y únicos— momentos de paz que tenía, para reflexionar sobre el rumbo de su vida, el cual parecía torcerse cada vez más, no se imaginaba trabajando allí por el resto de su vida.—Pronto vendrán los clientes —avisó su compañera de trabajo, Fatima, una mujer de estatura pequeña, tanto que Amelia no se la podía tomar en serio, a pesar de eso, parecía tener la simpatía suficiente para atrapar la atención de todos—. En menos de dos minutos.—Sí —masculló A
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Capítulo 3: Esposa falsa.
Amelia se alarmó, por impulso se alejó avivadamente de allí, caminando de manera rápida hacia el área en donde Fatima se encontraba, la expresión alarmada de la mujer, de inmediato alertó a su compañera, que se preparaba para abrir el establecimiento por completo.—¡¿Pero qué sucede, Amelia?! —preguntó, sujetando a la mujer por ambos hombros, ella temblaba mientras miraba hacia la parte de atrás, con el miedo de aquel hombre entrara por allí, aunque era inevitable que lo hiciera: el establecimiento tarde o temprano sería abierto, cediéndole paso a todos.Por un instante, las palabras se quedaron aferradas a su garganta, cuando vio como su otro compañero empezaba a abrir las puertas que Fatima no abrió, el pánico se dibujó en su mirada, se dijo que no tenía nada que temer, que no era para tanto, pero la sensación de aquel sujeto la había perseguido o espiado hasta su trabajo —no estaba segura—, se incrustó profundamente en ella, aunque no tenía ninguna evidencia de que él la hubiese se
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Capítulo 4: Propuesta.
Ya era casi hora de salir de su trabajo, no había podido concentrarse ni siquiera un poco. Había solo pensado en aquel extraño sujeto, en que podía querer de ella, y por qué justamente de ella. La expresión en sus ojos, era algo que Amelia apenas podía sacarse de la cabeza, como si quisiera decirle algo, pero no contara con la capacidad para hacerlo. Ella elegía que no lo hiciera, que no le dijera absolutamente nada, de todas formas, ¿qué podía tener un extraño para decirle?Suspiró cuando miró la hora, dándose cuenta de que su turno ya había concluido, se quitó los guantes que cubrían sus manos y decidió prepararse para salir.—¿Qué quería de ti? —Se giró cuando escuchó la curiosa voz de Fatima detrás de ella, la mujer la miraba como si se había contenido aquella durante todo el turno de Amelia—. ¿Te quería hacer daño o algo? ¿Te amenazó? —preguntó ella, un poco más preocupada, pues desde que aquel sujeto se había ido, Amelia lucía preocupada y pensativa—. Sabes que puedes contarme c
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Capítulo 5: Ridículo.
Amelia lo miró con sus cejas levantadas y sus labios abiertos, soltó sus puños apretados y le miró una nueva vez como si un tercer ojo le estuviese creciendo en el rostro. Un minuto de silencio se dejó pasar, hasta que el sonido de la risa de Amelia lo quebró.—¿Qué diablos me está diciendo? —preguntó, carcajeándose—. Maldición, no sabía que la cocaína era tan accesible en estos días.—Señorita, no estoy bromeando. —Él intentó sujetarla del brazo, pero ella se lo impidió con recelo, jalándolo—. En realidad, necesito que acepte ser mi esposa.—¿Ha escuchado lo que me pide? —le cuestionó, como si no fuese demasiado evidente que aquello era una completa locura—. ¿Qué diablos le sucede? ¿Sabe qué? No tengo tiempo para esto, necesito ir a buscar mis compras de vuelta.Ella intentó irse, pero Maximiliano la sujetó por el brazo, impidiéndoselo con fuerza.—¡Suélteme, maldición! —exclamó, sentía demasiada hambre y demasiado estrés como para tener que lidiar con un desconocido que la había per
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Capítulo 6: Urgencia.
La urgencia en los ojos del hombre, hizo que nuevamente, ella sintiera desconfianza de él, pese a esto, permaneció allí, escuchando sus palabras.—Será todo una farsa —le aclaró, removiéndose trémulo—. No nos casaremos en serio, quiero decir… sí lo haremos, pero no porque nos queremos, ni nos conozcamos, todo se tratará de un negocio.—¿Un negocio?—Sí, necesito una esposa para dentro de una semana, es urgente, señorita. Es algo que nos conviene a ambos.Ella enarcó una ceja, cruzándose de brazos.—Continúe.—Yo necesito una esposa para cobrar una herencia. —Ella le miró desde los pies hasta la cabeza, su rostro era muy expresivo, no se molestaba en ocultar lo que sentía, y en aquel instante, dudaba de sus palabras—. Yo necesito que usted acepte.Ella retrocedió cuando él la sostuvo por los hombros, la desconfianza se vio aposada en su mirada femenina, que una vez más, lo miró de pies a cabeza, claro que dudaba de la veracidad de sus palabras, incluso, dudaba de que aquel hombre fuera
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Capítulo 7: Encrucijada.
Maximiliano cerró la puerta con sumo cuidado, asegurándose que de esta no se desglosara ningún sonido, para que así su hijo no se despertara, era fácil dormirlo, la mayoría de veces al menos, pero cuando su sueño era interrumpido, no había poder humano que pudiera sosegar su energía infantil.Cuando terminó de cerrar la puerta, vio como su madre lo esperaba, sentada en el sofá mientras bebía algo de una taza. Se acercó a ella, tenía una idea de lo que quería hablar con él, era como si contara con la capacidad de leerlo en sus ojos.—¿Cómo te fue? —le preguntó la mujer, sacándole una sonrisa amarga a Maximiliano, que terminó de sentarse frente a su progenitora y suspiró, aquella acción no le envió ningún buen mensaje a la ansiosa mujer—. ¿Te fue mal?—Me fue pésimo —dijo él con franqueza, acomodando su espalda.—¿Cómo que pésimo, Maximiliano? Necesito que me cuentes que sucedió —le pidió ella, dándole un trago trémulo a su taza de té. Su hijo le había contado que saldría a buscar, una
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Capítulo 8: Orillada.
Los ojos de Fatima se llenaron de una profunda perplejidad, sino supiera que Amelia era una mujer muy poco creativa para las mentiras, la hubiese señalado sin pensarlo como mentirosa. La mujer se removió, incluso se quitó los guantes, sus ojos abiertos se clavaron en Amelia.—No, espera, espera, ¿qué demonios?—Esa misma fue mi reacción —murmuró Amelia, terminando de preparar un café, la hora de irse de aquel lugar llegaba, inmediatamente saliera, se direccionaría hacia donde su madre, necesitaba leer sus resultados en el hospital, apenas había logrado dormir treinta minutos pensando en la enfermedad de su progenitora—. Ese hombre se acercó a mí y me dijo que si quería casarme con él, que si quería ser su esposa, ¿qué clase de locura es esa? Jamás había visto algo similar en mi vida, además, me persiguió por una calle, casi me atropellan, casi lo atropellan a él, cuando por fin lo dejé hablar, me dijo que todo se trataba de un negocio en el que tendría que fingir ser su esposa a cambi
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Capítulo 9: Vestido.
Sentía que se encontraba en un cuento fantástico, uno en donde la realidad y la ficción se mezclaban hasta dejar algo por completo increíble, así se sentía en aquel momento, tan extraña, incomoda, quería reírse de sí misma por la decisión que había tomado. Más de una vez, había pensado en renunciar a aquella decisión, pero suponía que no había oportunidad marchar hacia atrás, además, solo era necesario recordar a su madre para que la motivación de cometer aquel acto llegara para no abandonarla jamás.Él la había invitado a su casa, Amelia se había negado y le había que fácilmente podrían hacerlo en cualquier otro lugar, la respuesta de Maximiliano la había fastidiado: «Hay que ir a un sitio discreto, nadie puede descubrir que es un matrimonio falso». Amelia creía que era demasiado evidente que todo era una farsa, ella era una mujer simple y poco atractiva, de bajos recursos, que de repente se casaría con un hombre adinerado que pertenecía a la alta sociedad. Rascó su cabeza, su madre
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Capítulo 10: Otro contrato.
Amelia tragó saliva con dificultad, sus piernas perdían la fuerza y si no se encontrara siendo sostenida por Maximiliano, el suelo y ella se hubiesen transformado en uno. Estaba despierta desde las cinco de la mañana, apenas había comido algo, todo el proceso se había realizado de manera apresurada, con la intención de que lo más rápido posible se concluyera, para la desdicha de todos, los inconvenientes no habían dejado de llegar, haciéndoles perder por lo menos tres horas, pero se encontraban allí: Amelia, Maximiliano, dos testigos, el hijo de Maximiliano y su madre, todos reunidos en un mismo sitio.Amelia usaba aquel blanco y escotado vestido que sabía que había atrapado más de una mirada, nunca había tenido su cabello tan bien arreglado, los tacones que usaba, eran una tortura la cual no podía esperar que concluyera. La mujer elevó su mirada cuando el fotógrafo que Maximiliano había contratado le sacó una foto. «Necesito tener evidencias de todo», recordó las palabras del hombre
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