Mundo ficciónIniciar sesiónAnteriormente ella había intentado encontrar el amor, pero al parecer no era el momento de conocerlo o simplemente el amor no es para ella. Amanda Viena, una joven empresaria que después de sus intentos fallidos por encontrar a esa persona con quien compartir su vida, su único objetivo es estar a la altura de su apellido, su trabajo es su mayor pasión y tiene una vida muy ordenada hasta que se reencuentra con su primer amor. Franco Ferri un exmilitar de 30 años que decide volver a su hogar después de un largo tiempo. Termina siendo el guardaespaldas de Amada y en cuanto la ve, él decide que quiere conquistarla. ¿Logrará hacerlo? o ¿Simplemente ella ya no está interesada? Esta historia no solo trae romance sino un poco de acción también.
Leer másEn cuanto las puertas del ascensor se cerraron, Amanda se apoyó en la pared.
Xavier le había gustado, mucho, sabía que podía desilusionarse otra vez, aun así, quería intentarlo, él lo valía, pero no sabía que le pertenecía a otra mujer. Lo mismo había pasado con Andrés hace casi un año ya. Agradeció porque aún no era tarde como para que su corazón se rompiera en mil pedazos igual como cuando Franco se lo había roto cuando aún era muy joven.
En ese entonces conocía a Franco desde que eran niños, él siempre la había tratado de una manera única y especial, su corazón palpitaba fuerte cada vez que lo miraba, cada vez que pensaba en él, pero de pronto su actitud cambió mostrándole una parte de él que no conocía.
Ahí en aquel ascensor de una compañía que no era la suya, se prometió que esta sería la última vez que iría detrás de un hombre, la última vez que se ilusionaría como una adolecente.
Recordó las palabras que Xavier le dijo antes de salir de su oficina. Él creía en que ella, Amanda era una mujer extraordinaria y él se lo hizo saber.
No debe olvidar quien era ella. «Soy Amanda Viena» Se dijo a ella misma, dueña de un imperio. Si la vida, el destino o lo que sea, tiene preparado un amor para ella, lo encontrará cuando sea el momento. sino, su vida no se iba a detener.
Cuadró sus hombros y recuperó su postura. No iba a derrumbarse.
Al salir del ascensor se encontró con Maurizio, asistente de Xavier. Las veces que lo había visto le había parecido un buen chico. Tenía algo que le daba confianza, podía decir que, hasta algo de familiaridad a pensar que no lo conocía. Ambos se saludaron con un asentimiento y una sonrisa amable antes de que cada uno siguiera su camino.
Algunas semanas después.
Amanda venía de realizar una inspección en unos de sus hoteles. Como siempre lo hacía se había sumergido en su trabajo las últimas cuatro semanas y un poco más. Ya ni siquiera se acordaba tanto de la existencia de Xavier, su boda con Sofía Ferrandino se había llevado a cabo hace algunos días y lo habría olvidado si su padre no lo hubiera mencionado en el desayuno esta mañana. Él había tenido que asistir, la familia Ferrandino había enviado una invitación, ahora con el proyecto que llevaban juntos era de esperarse. Fue un alivio que su padre no le insistiera tanto para que ella también asistiera a la boda.
Abrió su bolso, tomó su teléfono y marcó el número de su mejor amiga.
—¡Aman!
—¿Salimos a tomar algo esta noche?
—¡Hola! Yo bien ¿Y tú?
—Lo siento Fiore, ¿Entonces, vamos? —Su amiga no respondió nada de inmediato, tratando de comprender si algo estaba pasando. Aunque ellas a veces salían juntas. Amanda era algo reservada y casi nunca tomaba la iniciativa de salir, menos a tomarse unos tragos.
—Amiga ¿Está todo bien?
—Sí, solo he tenido mucho trabajo.
—Uhm —su amiga decidió creerle—, no sabes cuánto me encantaría, hace días no salimos. Pero esta noche no puedo, mañana tengo un juicio y aún tengo algunos detalles que terminar. Además, mi hermano vuelve esta noche y mamá ha preparado una cena familiar.
—¿Franco? —Su corazón hizo un pequeño salto cuando mencionó su nombre, pero rápidamente ignoró esa reacción.
—Sí obvio, es mi único hermano. ¿Por qué no vienes conmigo a la cena?
—¿Qué? —No estaba preparada para volver a verlo, aún después de tanto tiempo— no, tú lo has dicho es una cena familiar.
—Venga Aman. Eres como mi hermana y mi familia de adora —las puertas del ascensor se abrieron, era hora de volver al trabajo. Y decidió terminar la llamada.
—Fiorella, debo irme mejor quedamos para otro día ¿De acuerdo?
—Está bien, Adiós. —Se despidió su amiga, luego cortó la llamada.
“Franco” —Repitió en su mente.
Cada momento que compartió con su esposa mientras estaba embaraza fue una experiencia única, como cuando sintió por primera vez a su hijo moverse dentro del vientre de su madre. Nunca se imaginó que ser padre fuera de esa manera, había sentido tantas emociones y sentimientos al mismo tiempo, desde felicidad hasta temor. Pero no cambiaría nada, volvería a tomar las mismas decisiones, una y mil veces, las que lo llevaron de regreso a la vida de Amanda. Miró correr a su hijo Vincenzo de seis años por el jardín tomado de la mano de la hermosa Elizabeth, hija de Xavier y Sofía. Quienes eran perseguidos por la pequeña Rosalina de tan solo tres años, ella era hija de Maurizio y Antonella. La pareja se había casado hace poco más de tres años. Sintió a alguien colocarse a su lado, de reojo pudo ver que se trataba de su hermana. Ella estaba embarazada y estaba ya en su último mes. Sonrió y pasó su brazo sobre su hombro. —Hola, tú —Musitó ella. —¿Cómo estás? —Preguntó él. —Te diría que bien,
Tres meses después.Siempre había soñado con ese momento. Desde que Franco le propuso matrimonio apenas podía esperar para llegar al día en que se uniera a él para siempre. No se había sentido nerviosa en ningún momento, ni un poco, hasta ahora, justamente cuando estaba a punto de salir de la limusina para ingresar a la iglesia.—¿Cariño? —Su padre estaba inclinado a su lado. Ella lo miró y tenía una sonrisa divertida en sus labios. Lorenzo tomó su mano— ¿Nerviosa? —Ella asintió.—¿Franco…—No te preocupes, él no faltaría a su boda. Aunque hubiera tenido que traerlo amenazado con una pistola sobre sus costillas. —Su comentario le sacó una sonrisa. Eso era todo lo que necesitaba saber, ahora ella solo deberá caminar hasta donde él la estaba esperando, el altar.» Tu madre estaría muy orgullosa de ver la mujer en la que te has convertido. Eres el mejor regalo que ella pudo haberme dado. Deseo que sean felices, como yo y tú madre lo fuimos —Los ojos de su padre se volvieron acuosos y los
—Amanda Viena ¿Me darías el honor de ser tu esposo? Sus ojos se volvieron acuosos, no tenía ni que pensarlo, sabía cuál era su respuesta, porque no tenía dudas de que lo amaba con todas sus fuerzas y corazón, no tenía dudas de que también deseaba despertar con él en la misma cama por el resto de su vida. El corazón de Franco latía con fuerza, como queriendo salir de su pecho. Hace más de una semana que había comprado el anillo. Pensaba llevar a Amanda a cenar a un hermoso lugar y le propondría matrimonio ahí, aún pensaba llevarla a cenar, pero cuando vio el anuncio del concierto de Claudia, se puso en contacto con ella y le ayudó a planear ese momento. —Sí, acepto —Dijo al fin. Franco soltó el aire de sus pulmones y sonrió como niño. Se colocó de pie, la abrazó por la cintura levantándola unos centímetros del suelo. Luego tomó su rostro y la llenó de besos. La voz de Claudia volvió a sonar con la última frase de la canción: «Te amaré, por siempre» Tomó su mano y deslizó el anillo
—Sí. —Respondió él mientras rascaba su cuello. Ella esperó un poco más antes de hablar, unos segundos después decidió acabar con su sufrimiento. —No estoy molesta. Solo me sorprendió que mi primo no me las ofreciera a mí. No quería que las comprara alguien con el que fuera muy difícil de tratar. Ahora entiendo por qué no me quiso decir a quien se la había vendido cuando me llamó para darme la noticia. —Le pedí que no lo hiciera, quería decírtelo yo mismo. —Él rodeó su cintura abrazándola por detrás. —Entonces ¿Crees que podamos entendernos como socios? —Ya veremos señor Ferri. ¿Puedo saber que te llevó hacerlo? —Podría decirle que le pareció un buen negocio, pero sería mentirle y esa no era una opción para él. La prensa ya se había enterado de su relación, y la mayor pregunta que se hacían era: ¿Quién era él? Nunca fue un hombre inseguro, sabía lo que él y Amanda tenían y eso era suficiente, pero a veces las personas suelen juzgar y dar sus propios criterios. Aunque él tenía su pro





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