Mundo ficciónIniciar sesiónKisha. Tengo veinte años, solo viví dieciséis de ellos. El resto hacia adelante simplemente respiro y si he aprendido algo en estos cuatro largos cambios de calendario, fue que ; respirar no significa estar vivo, solo existir. Tengo todo lo material que cualquier persona desearía, dinero, una enorme mansión, autos caros y cualquier capricho gobernado por la avaricia que se puedan imaginar. No tengo paz. Eso en mi mundo no es posible, no cuando mi vida transcurre siempre al pie del cañón, un paso en falso se traduce en dejar de existir. No me puedo permitir eso. Mi nombre es Kisha Ivanova. Hija de Sasha y Nikkita Ivanov, sobrina ilegítima de Yuri Morozova, Reyes y Reinas de la Mafia Rusa. Y esta es mi historia. Ignatiev. Tengo veinticuatro años, desde el momento en que seguí el legado de mi padre, morì. Me fui cuatro años de mi residencia para seguir nuestros negocios en Estados Unidos, deje atrás la única Luz en mi oscuridad. Cuando volví a mi país la luz de mi esperanza se había oscurecido más que mi propia alma, por un motivo ruin que me propuse averiguar. Se convirtió en una mafiosa letal, digna heredera del trono de su padre. Ella va a ser mi Reina. Mi nombre es Ignatiev Morozov, hijo de Yuri Morozov, sobrino ilegítimo del clan Ivanov, Reyes y Reinas de la Mafia Rusa. Y esta es mi historia.
Leer másAgradecimientos. No sé si haya alguien del otro lado leyendo estas palabras, en casi de que si, son todas para ti. Gracias a ustedes, los que leen, es que esta obra fue capaz de ser y llegar a su fin. De todo corazón les digo gracias a los que me acompañaron hasta aquì y a los que se quedaron por el camino. Para un escritor un libro es como un hijo al que le dedicamos tiempo, amor, tristeza y hasta rabia, no saben lo que significa culminarlo. Quedarse con ese saborcito de que fue capaz de llegar a su fin. Muchas gracias por leer. Atentamente: Miss Peregrine.
Epilogo. Kisha Ivanova. Este era el día más feliz de mi vida, bueno el segundo día más feliz, me encontraba vestida de blanco parada en un hermoso altar construido a bace de flores y madera blanca. Mi vestido era una cosa sencilla y corta, de tul y encaje. Nos encontrábamos en una playa celeste como el cielo más despejado, la arena blanquecina se colaba en mis pies descalzos. Y allí, al principio de un corto pasillo, se acercaba el flanqueado por tres pequeñas cabelleras negras que correteaban sonriendo. Ignatiev llego a mi lado con una sonrisa enorme agarrándome la mano, con nuestros hijos de dos años revoloteando a nuestro alrededor. Nunca iba a sentirme tan feliz como en aquel momento en el que di el sí. La fiesta siguió hasta que la noche toco la tierra y luego se fue como un suspiro dándole paso a un nuevo día. Me encontraba sentada en la arena, mirando a mis tres angelitos plácidamente dormidos en la falda de sus abuelos, uno para cada uno, uno para todos. Lágrimas de fe
Capítulo 5.3 Ignatiev. No había soltado a aquel niño en ningún momento, llevaban dos horas en la casa observando como el doctor lo controlaba y arreglaba lo que Kisha había hecho para mantenerlo con vida. Parecía una maldita mama oso, gruñéndole a todo aquel que quisiera acercársele. — Es un niño muy sano y fuerte, eso es lo que lo mantuvo con vida. - El hombre observo fijamente a Kisha. — ¿Puedes amamantarlo? — Hace un tiempo comenzó a salirme calostro, mi obstetra me explico que se debe a las hormonas de un embarazo doble. Ignatiev estaba atento a la conversación, a cualquier movimiento del hombre. — Muy bien, solo tienes que colocarlo en tu pecho varias veces al día. El solo estimulara la producción de leche. La sonrisa con la que Kisha miraba a aquel ser le hacía revolver el estómago, era el hijo de un maldito bastardo que intento poseerla, asesinarla. No podía aceptarlo. — ¿Eso no afectara a los bebes cuando lleguen? Pregunto, ganándose una mirada fulminante por parte d
Capitulo 5.2 Cinco meses después. Kisha. Aún faltaban tres meses para dar a luz, sin embargo, sentía que estaba a punto de explotar. Tenía seis meses de embarazo y parecía que se encontraba a término gracias a la gran protuberancia que salía del vientre. Se encontraba acomodando unas ropas en su maleta, últimamente le costaba moverse, la cansaba demasiado hacer cualquier cosa. La doctora le había dicho que era normal, los bebes estaban muy sanos, creciendo con normalidad. No iba a llegar a término, se quedarían sin espacio mucho antes de tiempo, aun así, los pronósticos de la doctora parecían ser los mejores. — ¿Te ayudo? Kisha giro la cabeza, observando a su madre entrar a la habitación. Asintió con la cabeza ante su pregunta, sentándose en la cama con una mano en el vientre. — Parezco una bola de hormonas que se agüita metiendo ropa en una maleta. - Frunció el ceño, alcanzo su botella de agua encima de la mesita. — Ni siquiera puedo mirarme la vagina. Nikkita carcajeo, acar





Último capítulo